Alonso podría ser uno de los primeros colonizadores que llegaron a las tierras descubiertas por Colón, aunque también se sugiere que simplemente pudo ser un comerciante hábil. A pesar de sus modestos orígenes, logró acumular una considerable fortuna. Sin embargo, al enfrentar el desprecio de sus parientes y simular indigencia, decidió dedicarse a proteger a los pobres y beneficiar a su villa natal.
Alonso de Villada, hijo de una familia humilde, abandonó su pueblo sin dejar rastro durante años. Cuando finalmente regresó, lo hizo con una gran fortuna. La tradición cuenta que, al volver, acompañado de una caravana de sirvientes que transportaban su riqueza, temía que sus parientes lo recibieran amablemente solo por su dinero. Por ello, decidió vestirse con harapos y presentarse en la casa de su familia, pretendiendo estar enfermo y pobre en busca de ayuda. Sin embargo, uno a uno, sus parientes le cerraron la puerta en la cara.
Desilusionado y agotado, Alonso se sentó en la plaza, esperando la misa de San Fructuoso. Fue entonces cuando una anciana, que lo había cuidado cuando era niño y en cuya casa encontró refugio durante unos días, lo reconoció.