La documentación consultada atestigua la actividad agrícola como la principal fuente económica durante los siglos que nos ocupan. Las continuas compraventas de tierras, así como las donaciones al monasterio de Sahagún hablan del interés por la posesión de las mismas. Las escrituras nombran huertos, prados, viñas y tierras; que reflejan los distintos tipos de cultivos en práctica.
Destaca por su singularidad la concesión del abad Diego y el monasterio de Sahagún a los hombres de Villada para que plantaran viñedos. Los vecinos de Villada y sus hijos serían poseedores de la mitad de las viñas, y si en algún momento precisaban vender su parte debían avisar al abad de Sahagún primeramente. Si el abad no deseaba comprarla, tendrían preeminencia los vasallos del monasterio de Sahagún. El incumplimiento de esta condición supondría perder la titularidad de la heredad y pagar al abad una multa de 50 sueldos de plata, igualmente si dejaban de servir al monasterio de Sahagún perderían la viña (Herrero de la Fuente, 1988b).
El hecho, acaecido el 15 de enero de 1097, evidencia el interés de Sahagún por la actividad vitícola. La concesión de la posesión de la mitad de las viñas servía como aliciente para que los de Villada se dedicaran al cultivo de la vid. La vid requería una laboriosa preparación del terreno y el monasterio de Sahagún tuvo un interés especial por su implantación a finales del siglo XI.
La viña gozó de la atención de los monjes de Sahagún con el cambio del siglo. El 7 de noviembre de 1106 el mismo abad Diego otorga una tierra de Villada a 25 vasallos del monasterio de Sahagún para plantar viñas (Herrero de la Fuente, 1988b).
Entre las firmas contractuales con el monasterio de Sahagún y el abad de turno destacan las confirmaciones como la de Gonzalo Ermegíldiz, su mujer, doña Mayor, y sus hijos, que recibieron un caballo rucio, valorado en 70 sueldos de plata en 1093 (Herrero de la Fuente, 1988b); y la de Diego Rodríguez y su mujer, que otorgaron al cenobio un mulo valorado en 50 maravedís como agradecimiento por la posesión de la heredad mientras vivieran (Fernández Flórez, 1991). De ellas se deduce la importancia de los équidos en el momento, cuyo valor monetario era elevado. Tanto es así que el caballo rucio se valoró en 70 sueldos de plata, mismo monto por el que Domingo Arias y su mujer, Sol Domínguez, vendieron a Sahagún su heredad en Villada dos años después (Herrero de la Fuente, 1988b). Especialmente curioso es el documento que registra el intercambio de propiedades que Munio Rodríguez hace con el monasterio de Sahagún antes del 16 de febrero de 1233. Rodríguez reivindicaba 12 solares, toda la heredad arable y cinco aranzadas de viña en Villada que habían sido de sus tíos maternos. Sin embargo, el monasterio le otorgó 24 solares y siete aranzadas y media de viñedo en Villacreces (Fernández Flórez, 1994), lo que superaba la cuantía de solares y aranzadas que él reclamaba, aunque se los concedían en otra localidad. Esto manifiesta el interés que el monasterio tenía por Villada sobre otros lugares en pleno siglo XIII.
Extraído del TFG del historiador Francisco Calvo Manzanares.