La documentación de los cinco siglos objeto de estudio permite hacer unas consideraciones sobre la sociedad pobladora de Villada en el momento. Algunos de los documentos reflejan los modos propios de actuación de la Edad Media.
La donación de Gonzalo Ermeíldez a su mujer, doña Mayor, el 25 de noviembre de 1089, evidencia un luto obligado a su esposa, que debería serle fiel tras su muerte. De lo contrario perdería la mitad de la heredad de Villada que le había concedido. Al mismo tiempo, doña Mayor, perdería su parte si era mala mujer y no iba por el camino adecuado (Herrero de la Fuente, 1988b). Doña Mayor, por tanto, quedaba subyugada a los deseos de su marido. No obstante, la concesión de Gonzalo otorgaba el poder de obra a su esposa si él actuaba de manera indebida.
Unos años más tarde, el 8 de febrero de 1093, el mismo matrimonio junto a sus hijos: Rodrigo, Fernando, Sol y María, donan al monasterio de Sahagún y a su abad Diego su parte en Villada. Doña Mayor y sus hijos ceden también la parte que Gonzalo la dio en arras, a excepción de un solar que recibió su hijo Rodrigo. Gonzalo Ermeíldez pedía a cambio recibir anualmente cinco modios de grano, una capa, «I gonnellam et II paria caligarum et de zapatas» para servir al monasterio con todo lo que tenían. Además, apuntan que cedían al cenobio su cuerpo y alma; y que si tras la muerte de Gonzalo, doña Mayor y sus hijos dejaban de servir a Sahagún perderían todas las propiedades (Herrero de la Fuente, 1988b).
La cesión de Martín Pérez, el 23 de marzo de 1092, explica otra realidad. El monasterio de Sahagún recibió dos solares de Villada donados por el mencionado Martín. El cenobio consideró prestar la heredad a Pedro Muñiz, padre del donante, mientras viviera, salvo que su hijo regresara (Herrero de la Fuente, 1988b). Una actitud similar por parte de los monjes de Sahagún es la que tienen con Diego Rodríguez y su mujer. Al matrimonio le cedieron en 1145 la posesión del huerto y las casas que construyeron en una propiedad del monasterio en Villada (Fernández Flórez, 1991).
El documento fechado el 29 de marzo de 1095 evidencia otro comportamiento social de la época. Marina Peláez, monja, dona toda la heredad recibida de sus padres en diversos lugares: Castrillo de Carrión, Villa Froila, Villada, Villa Eiza, Vallecillo, Villa Ramnade, Villa Cente, San Martín del Río Cea, Fonte de Xab Canello y Valdespino (Herrero de la Fuente, 1988b). La actuación de la religiosa ejemplifica el voto de pobreza que rige muchas órdenes regulares. Esta acción fue muy común a posteriori, especialmente en la Edad Moderna, donde las hijas que postulaban en la vocación religiosa renunciaban a su parte de la herencia.
El temor de la sociedad medieval a no descansar en paz tras su muerte se refleja en la venta que Velasco Sánchez y su esposa, Teresa Peláez, hacen al prior de Santervás, Pedro Pelaéz. El precio acordado por la heredad de Villada ascendió a once maravedís y medio, tasación inferior a la valía real. A cambio el matrimonio pedía al monasterio de Santervás que rogaran por la salvación de sus almas (Fernández Flórez, 1991). Comportamiento similar al de don Abril y doña Teresa, quienes donaron el 14 de diciembre de 1236 al abad Guillermo y al monasterio de Sahagún sus propiedades en Villada. La condición que el connubio puso fue que les dedicaran un aniversario y el convento tuviera diez maravedís de pitanza. El abad Guillermo prometía poner un monje en la capilla que el matrimonio estaba edificando y un capellán en el Hospital, para velar por la salvación de ellos y de su linaje (Fernández Flórez, 1994).
Dicho temor de Dios se hace evidente en el documento con fecha del 8 de octubre de 1297. Domingo Cabrero de Villada, residente en Sahagún, donó varias casas al monasterio de Sahagún como agradecimiento porque le entierren en el cenobio y compensación por los diezmos y primicias que había defraudado a la iglesia de Villada (Fernández Flórez, 1994). Con ello, se evidencia el miedo que Cabrero sentía al ver que su vida se agotaba y no había sido un cristiano ejemplar.
Extraído del TFG del historiador Francisco Calvo Manzanares.